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A propósito de «Soy leyenda» de Richard Matheson 23/10/2020

El bacilo vampiriis consume todo. El bacilo vampiriis extermina humanos y animales por igual. El bacilo vampiriis engendra infectados y vampiros sedientos de sangre, y se propaga indiscriminadamente. El bacilo vampiriis se enfrenta al último ser humano sobre la tierra: combate a Robert Neville. Pero Neville no les dará tregua.

Richard Matheson escribe una macabra novela postapocalíptica, donde muestra un arraigado interés en narrar la historia de un único personaje ―inclinación que repetirá con creces en su magistral: El hombre menguante―. Este protagonista solitario se encuentra subyugado a una enorme presión, y Matheson se aprovecha de aquello para enfatizar ese coraje frente a la fatalidad: olvidar la muerte de su hija y esposa, mientras intenta descubrir una cura para el virus. Así la novela va avanzando, y poco a poco el terror va inoculando el fondo dominante de la trama, en tanto lo normal y lo rutinario van difuminándose.

Soy leyenda es una novela de desesperanza, soledad y angustia: es una descarnada lucha por la supervivencia que bordea entre la desesperación y la aniquilación. Una constante pugna entre la locura y el miedo. Y aquel conflicto es tan evidente como el enfrentamiento contra los vampiros y los infectados: el asedio, las matanzas, el nuevo orden mundial que se avecina, y una impensada vuelta de tuerca que cierra estupendamente la novela.

Ensimismarse en el argumento de Soy leyenda es adentrarse en la atormentada mente de Neville: es enfrascarse en una lectura fluida, visual, amena y envolvente. Y mientras más se vayan impregnando con aquellas tinieblas, y las páginas pasen y pasen, más y más van a deleitarse de una de las más grandes novelas de vampiros del siglo XX.

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